Saliendo esta vez de la línea de publicaciones del Blog de Iberum Abogados, hoy abordaremos una cuestión que es de gran interés y relevancia incluso dentro de la práctica jurídica. La profesión de la abogacía tiene como uno de sus pilares fundamentales el uso de la palabra (tanto escrita como oral). En este uso es fundamental que las ideas o argumentos presentados estén basados siempre en argumentos racionales y con validez lógica.

Los argumentos son razonamientos lógicos que nos sirven para justificar la veracidad (también la importancia y la probabilidad) de una conclusión. Así, las falacias son aquellas formas de argumentación que contienen errores o persiguen fines espurios. Fallatia en latín significa engaño y es sinónimo del término griego sofisma: un argumento engañoso.

Las falacias pueden dividirse, en función de su naturaleza, en tres grandes grupos: 1. Aquellas que incurren en errores de razonamiento (por ejemplo, una generalización precipitada o la falacia del consecuente); 2. Aquellas que no persiguen siquiera utilizar un razonamiento lógico (por ejemplo, un ataque personal); 3. Aquellas que intentan engañar o distraer presentando argumentos falsos (por ejemplo, las apelaciones emocionales o la falacia ad ignorantiam).

Pero dentro de estos tres grandes grupos existen numerosos tipos de falacias, como la Falacia del Accidente, la Falacia de la Ambigüedad, el Argumentum ad Baculum, la Falacia de la Falsa Causa, la Falacia del Continuum, la Falacia de la falsa Disyunción, La Falacia del Embudo, la Falacia del Secundum Quid, etc. Sería imposible traer todas aquí, pero sí vale la pena recoger algunas de las más importantes y habituales:

  • Falacia Ad Hominem:
    • Idea principal: Consiste en atacar a la persona que formula el argumento – más que atacar el propio argumento en sí – para debilitar así el argumento.
    • Estructura: X dice que P, X tiene algo “negativo”, por tanto, lo que dice X no es válido o verdadero 
    • Ejemplo:
      • A- “El libro de Rousseau “Emilio, o sobre la educación” es imprescindible para cualquier maestro.
      • B- “Me da igual lo que dijera Rousseau sobre la educación, él abandonó a sus hijos.” (falacia)
  • Falacia del Muñeco de Paja o Espantapájaros:
    • Idea principal: Consiste en ridiculizar o convertir el argumento contrario en uno más débil de lo que realmente es. Así cuando refutas el argumento en esta versión más simplista no estás realmente refutando el verdadero argumento.
    • Estructura: A dice P, B señala que A ha dicho Z (y refuta Z, no refuta P)
    • Ejemplo:
      • A- “Pienso que es malo que los niños salgan solos a altas horas de la noche”
      • B- “¿Entonces al salir de la casa van a volverse unos delincuentes y van a dejar la escuela?” (falacia)
  • Falacia de la Pendiente Resbaladiza:
    • Idea principal: Consiste llegar a una conclusión indeseable mediante un proceso de varias afirmaciones causales poco justificadas, que concluye con descartar la causa inicial.
    • Estructura:
      • Si se acepta B, entonces se debe aceptar C, que es apenas diferente de B
      • Si se acepta C, entonces se debe aceptar D, que es apenas diferente de C
      • Si se acepta D, entonces se debe aceptar E, que es apenas diferente de D
      • Si se acepta E, entonces se debe aceptar F, que es apenas diferente de E
      • Pero F es inaceptable, por lo tanto, no se debe admitir A”
    • Ejemplo: “No se puede suprimir el servicio militar obligatorio porque distanciaríamos a los ciudadanos de su compromiso con la nación, lo cual debilitaría nuestra capacidad defensiva y de disuasión, con lo que en la práctica estaríamos invitando a que se abuse de nosotros y no se respeten nuestros intereses, especialmente los comerciales, con las consecuencias inevitables de recesión económica y desempleo. Ya se sabe que cuando esto ocurre la sociedad se siente irritada e insegura, la política se torna inestable y cualquier incidente puede crear un caos revolucionario que finalmente dará lugar a la desaparición de nuestro Estado-Nación.” (falacia)

Conocer e identificar las falacias nos ayuda en dos sentidos. En primer lugar, nos evitar caer nosotros mismos en ellas (lo que causaría un empobrecimiento de nuestra propia argumentación). En segundo lugar, facilita identificarlas en los discursos ajenos. Para refutarlas basta con señalarlas y explicar que el argumento contrario carece de validez lógica. En general las falacias no pueden ser aceptadas, pero son especialmente reprochables en ciertos ámbitos, como por ejemplo en la práctica jurídica o política.

En definitiva, un buen abogado no debe únicamente conocer la normativa de nuestro ordenamiento, sino también controlar y dominar la práctica de la argumentación jurídica.

Marcos Rey Izquierdo